ABRAHAM LA CALLE
(Almería, 1962)
Sin título
31 X 36 cms.
Acuarela.
(Colección particular)

Estudió en el Colegio La Salle de Almería, del que posee recuerdos parecidos al comic Paracuellos de Carlos Jiménez, entonces de clandestina circulación por esta elitista escuela católica. Ni siquiera los profesores de Dibujo le intuyeron, (poseían grandes cualidades doctrinarias pero escasamente adivinatorias), pues su original apellido era frecuentemente utilizado como preámbulo de involuntarias salidas de clase, que jalonaban su expediente escolar en forma de estrellas elevandolo hasta el generalato. Su bautismo bíblico no sirvió como atenuante para librarse de los habituales malos tratos, aunque parecía inmune pues ya entonces desbordaba imaginación y talento. Finalmente expulsado hacia el Edén, mejoró sus calificaciones en el instituto público, estudió Bellas Artes en la Universidad de Sevilla y obtuvo por oposición una plaza para enseñar Dibujo en el Nicolás Salmerón de Almería, enfrascandose al tiempo con los pinceles en su etapa animista dentro del viejo caserón que servía de estudio a Carlos Horacio Valera en la Rambla, justo enfrente del colegio de sus desamores, lo que quizás contribuyó a que pronto escogiese aires menos colindantes. Se trasladó a Sevilla, a la que siempre ha estado muy vinculado y en la que ahora reside, aunque a principios de los noventa ganó una beca autonómica en la madrileña Casa de Velázquez, se quedó en la Villa y Corte y se dedicó ya por entero a vender colores. Vinculado en sus inicios a la Galería Fúcares de Almagro, celebró con ella habitualmente exposiciones en Madrid y Ciudad Real, salpimentandolas con escapadas a Palma de Mallorca (Javier Gastalver), Málaga (Unicaja), Jerez de la Frontera (Carmen de la Calle), Murcia (Espacio Mínimo), Zaragoza (Zaragoza Gráfica), Santander (Siboney), Salamanca (Universidad), Orense (Marisa Marimón), Valencia (Tomás March), Barcelona (Joan Prats), Burgos (Lourdes Carcedo) y Milán (Alessandro Seno). Su obra ha viajado además al Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, a la Mario Flecha Gallery de Londres, al parisino Institut de France y más recientemente al Cultural Center of Philippines de Manila, Museo de Arte de Ponce (Puerto Rico), Centro Cultural Español de La Habana y Sprengel Museum Hannover (Alemania). Con Fúcares ha sido un habitual de Arco, en cuya ultima edición fue presentado como la más flamante adquisición de la internacional galería Malborough. Cinco colecciones públicas y privadas, dos universidades, cuatro museos, seis corporaciones locales, tres grandes bancos y cuatro fundaciones, entre ellas la Luis Cernuda de Sevilla, albergan parte de su obra que, a los 40 años, se mide ya en tiempos de presente más que de futuro, por muy prometedor que éste se presuponga. En esta acuarela, que el pintor ha realizado expresamente para este libro, asoma uno de sus iconos más representativos de su original lenguaje artístico en un paisaje que resulta siempre familiar a los que, como el autor de Campos de Níjar, frecuentan el Sur.