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El espacio y el tiempo, la materia y el aire, el arte y la naturaleza... Hay un recorrido por Zabalaga (otra de las denominaciones del proyecto convertido ya en realidad) que es periferico al espacio, hay otro por el camino que lleva al caserío y por supuesto hay un tercer trayecto que es el de la propia voluntad de cada cual. El Chillida Leku es un espacio abierto en todos los sentidos imaginables, un oasis de paz y tranquilidad en el explosivo contexto vasco y en la virulenta sociedad de Hernani, la localidad "batasuna" donde está enclavado. Esa es la primera impresión que produce el inmenso caserío, mas grande de lo habitual en la arquitectura de Guipuzcoa. Parece un enorme barco varado, no en vano la familia del almirante Churruca, que inmortalizara Galdós en sus Episodios Nacionales, era la propietaria de la finca. El propio Rey recibió un chispazo en su memoria cuando aterrizó en la campa: "Yo he estado aquí antes". En los años cincuenta, siendo solo un pibe, correteó por esas praderas vigiladas por un rebaño de cabras y ovejas, aunque los multitudinarios pobladores eran topos que el jardinero Joaquin Goicoetxea fue obligando a mudar a parajes cercanos. Pedro Chillida, pintor y escultor, el unico que ha seguido la estela de su padre, confesaba cierta pena por ese Zabalaga que iba a ganar el gran publico y a perder la familia: paseos, comuniones, fiestas, bodas, coches, motos... De todo. En su caso, el taller de escultura en el que trabajaba en piedra. Tambien una preciosa yegua que pastaba por allí y a la que perseguía constantemente con un block de dibujo. Visitas, circuitos, amigos: "Ahora pasarán otras cosas y bienvenidos sean los cambios. Estoy muy acostumbrado a ellos gracias a mi trabajo y siempre despejan el ambiente. He observado que, casi siempre, mejoran lo anterior". Mitxel Ezquiaga, otro de los estudiosos de su obra, recuerda como un Chillida en pleno vigor creativo le iba enseñando con un entusiasmo casi juvenil cada palmo de un terreno que ya empezaba a parecerse a lo que es hoy. En sus visitas posteriores, "Zabalaga iba cobrando esplendor mientras el escultor iba perdiendo fuerzas". A su juicio, "ahora que ese museo ya terminado hermana arte y naturaleza, me parece un lugar donde la fuerza de sus esculturas y la serenidad de sus praderas invitan a la reflexión, a la tranquilidad: si no resultara cursi diría que paseando por el Chillida-Leku uno puede encontrarse con lo mejor de sí mismo". Pasear por el campo y por el interior de cada uno. La palabra no basta para resumir el estado de ánimo que traslada la obra de Chillida. Tampoco sobra. Fue el fallecido José Antonio Fernández Ordóñez, ingeniero que colaboró con el escultor en sus mas fantásticos proyectos, quien explicaba en una tertulia recogida en el documental "Chillida, el Arte y los Sueños", realizado por su hija Susana, algunos de los principios del Tao y de Confucio que le confiaba un amigo ingeniero chino: "La Naturaleza se enfada si se seca un pozo, si se tala un bosque, pero agradece que la mano humana la encauce y mejore si le da curso a un caudaloso río, si se cultivan sus campos para hacer brotar la tierra". En el caso de este original museo, las esculturas florecen, sus estaturas se jibarizan a la entrada, pero se convierten en gigantes a su paso. La Naturaleza imita al Arte, decía el poeta Oscar Wilde a finales del XIX. Tres siglos antes, el filósofo Jacques Bénigne Bossuet exploraba este concepto y sostenía que hay tanto arte en la naturaleza, que el arte mismo consiste en comprenderla bien y en imitarla. Eduardo Chillida nos abre el siglo XXI, con las mismas evanescencias, idénticas preocupaciones, similares contradicciones. Solo que en el escultor encuentran respuesta feliz a esta duda en la que se mueve el hombre desde el inicio de los tiempos.
El escultor ha puesto mucho empeño en que el "Chillida Leku" se construya persiguiendo la armonía en su mas nimio detalle. De hecho, su sensibilidad es tal que traía loca a su familia. "Hoy he estado hablando con la casa y me ha dicho que subamos los muros, que respetemos la pared central, que las esculturas de alabastro vayan arriba, que...", le comenta Chillida a su yerno, Gonzalo Calderón. Es la forma de expresarse del artista, entre abstraído y atento a cualquier indicio, por pequeño o inadvertido que parezca al comun de los mortales. Porque Chillida trata a los objetos, a la naturaleza y a los animales con la misma delicadeza que a las personas. No es tan difícil entenderlo si uno pone empeño: se trata de agudizar los oídos y esperar a que las cosas sucedan y se expresen con signos muy perceptibles. Hace 15 años, Chillida recibió el Premio Wolf del Parlamento de Israel, con una dotación económica de 100.000 dólares, y el escultor los destinó a la Fundación para la Investigación Plástica. Su intención era instalarla en aquel caserío en ruinas de Zabalaga, previa lenta, costosa y cuidada restauración, donde ha ido enterrando durante todo este tiempo sus ahorros. Aquí encontrará hospedaje el archivo de su obra para investigadores y estudiosos de la misma: "Este caserío será una señal para la posteridad. No queríamos una reconstrucción sino dejarlo firme y seguro tal y como está para llenarlo de una estructura contemporánea: que se vea el hoy y el ayer", indican Eduardo y Pilar Belzunce de Chillida, el matrimonio que permanece unido desde hace 50 años frente a adversidades e inclemencias de todo tipo. ¿Por qué esta Fundación en un lugar privado adquirido por él? ¿Ya tiene rival el portentoso Guggenheim, construido con miles de millones de pesetas en fondos publicos? "Lo que es de uno es de todos", dice el hombre mas desprendido de la tierra. Yo corroboro y apostillo: "... y lo que es de todos no es de nadie", a juzgar con la alegría con que se administra el erario público. Mover las pesadas esculturas de hierro que pesan toneladas no es tarea fácil, pero el "Chillida Leku" es ahora un constante vaivén de piezas que vienen y van regresando o viajando a las exposiciones y museos que las reclaman desde todos los rincones del planeta. Así hasta que el 15 de septiembre permanezcan con sus cuerpos de gala, esperando a varios jefes de Estado que acudirán a la recepción. El primero que ha reservado ya hotel ha sido el canciller aleman Schroeder. La escultura homenaje a la reunificación alemana le dará la bienvenida a la entrada del recinto. Y así, recorriendo hectáreas de terreno alfombrado con la hierba mas hermosa que los ojos hayan visto nunca, las esculturas han encontrado por fin un hogar estable. El bosque animado, poblado de majestuosos robles centenarios, es lo primero que uno se topa al llegar al Chillida Leku. Distribuidas con una cadencia musical a lo largo del terreno, las esculturas se abrazan, mordisquean o contemplan a los visitantes agazapadas, altaneras o inmunes. Cada una de ellas tiene su propia vida, su propio mensaje, su sentido y su explicación. Y se mueven, no tienen un lugar fijo en el campo, el artista y su hijo Pedro, que ha seguido como él la senda del Arte, buscan el emplazamiento idóneo segun las estaciones del año, segun el clima, segun el momento. Chillida suele decir que las obras de arte tienen mas vida que muchas de las penosas almas que pueblan la tierra. Lo percibió desde siempre, pero lo vió claro con el "Mariana de Austria" de Velázquez, expuesto en el Museo del Prado. Un día fue a verlo acompañado de Maeght, el galerista francés de renombre, "y como ocurre a menudo con los cuadros altos, los reflejos de las luces nos impidieron ver bien la parte superior del retrato. Se me ocurrió entonces que estaría bien una exposición en la que se pudieran hacer girar los cuadros de forma que quedaran invertidos. Pensé que eso permitiría desobjetivar la obra, invertir el objetivo aparente del retrato, y tambien leerla de mas cerca. Alguno se escandalizó al oir mis palabras, pero luego ha aparecido Baseliz con sus figuraciones presentadas al revés. Además, los japoneses tienen razón cuando dicen que si miras un paisaje con la cabeza agachada, metida entre las piernas, ves los colores mejor, más limpios. Lejos de desobjetivarse, el paisaje se convierte entonces en un objetivo por sí mismo". Frente a la casa se encuentra la "Mesa de Luca Paccioli", una filosófica patera de acero de nueve toneladas. Y es que la proporción es lo mas apreciable de la obra de Chilllida, produce el mismo efecto visual para un gigante que para un enano. "Lo profundo es el aire", homenaje a los versos de Jorge Guillén, con sus diferentes numeraciones, tambien vive aquí. Realizado con granito de la India, dialoga con el caserío de tu a tu, sin haber sido tocado ni cortado por instrumento mecánico. De hecho, Chillida tiene las manos doloridas, abre y cierra la izquierda y asoma su fuerte musculatura, portentosa para un septuagenario: "Me he lastimado y no tengo fuerza", exclama con esas frases suyas tan caracteristicas con las que hilvana cualquier conversación, secas, contundentes, como el golpe en el yunque. La pieza Gure Aitaren Etxea (La Casa de Nuestro Padre) mira en silencio y con interés, abriendo el paisaje que lo circunda. Fue un homenaje a la ciudad de Gernika, una sugerencia de libertad y tolerancia con sus dobles curvaturas hacia el lugar donde se alumbró el mas terrible bombardeo nazi y el mas esperanzador Estatuto de Autonomía. Curiosas analogías, ahora rebrotadas por aquellos nazis que tambien bombardean con terror el Estatuto. Y da miedo, tan majestuoso, quizas el miedo a la muerte o a la libertad. Le cuento como me transmitió las sensaciones que viví cuando murió mi padre por un cáncer, producto del tabaquismo compulsivo. Y como tuve el dolor entonces y el placer ahora de acompañarle hasta el Hospital donde murió: "Que bonito, acompañar a uno a la muerte", exclama en voz baja Chillida. Y entramos en el caserío, donde la madera y la piedra conforman un todo, como los nervios o las arterias de un cuerpo. Ahora entiendo porque Chillida dice que la casa le habla. "Es un todo, es un todo", repite. Y es que en este original museo se encuentran las diferentes etapas del artista. Primero la "luz blanca" (marmoles, alabastros), fruto de su viaje a Grecia y sus estancias en París, despues la luz "negra", con la que se reencontró en Euskadi durante su madurez (acero, granito, hierro). Le digo que la "luz amarilla" de Canarias y de Tindaya tambien es diferente y el escultor se sonríe, porque suele decir que las preguntas encierran respuestas y las respuestas llevan consigo preguntas. Es curioso porque en Zabalaga el escultor ha llevado a cabo un "vaciado" de la casa parecido al que planeaba para Tindaya, aunque hablar de similitudes en Chillida pueda parecer sacrílego para un hombre que presume de innovar, de no repetir jamás, de buscar siempre lo desconocido, lo que no se sabe hacer, el Arte Nuevo. Pero lo cierto es que la casa aparece sin habitaciones, sin cocina y sin cuadras, de tal suerte que el caserío es otra escultura más. Arquitectura y Escultura en perfecta simbiosis. ¿Como ha llegado Chillida a estas conclusiones, a esta obra cumbre que es el Chillida Leku? Ya lo mostró en Harvard, donde acudió como profesor tras reiteradas llamadas de sus directores. Pilar Belzunce de Chillida, que lo acompañó, recuerda como todo eran renovaciones: "Los alumnos procedían del movimiento hippie, eran jovenes de clase acomodada que buscaban el arte como salida a la gran crisis de valores". Y añade: "Eduardo no ponía notas, tenían que autocalificarse explicandolo con honradez, y algunos se "catearon". Tuvo que seleccionar a 15 alumnos, porque con todos no podía, y les retó a que lo hicieran plasmando por escrito las razones por las que querían hacer el curso. Aquí tenemos todavía sus manuscritos". Pero no eran discípulos, solo observadores. "Ya Eduardo advirtió que él no iba a enseñar nada, que el Arte no se enseña, pero que quizás podrían aprender algo viendolo a él trabajar, como buscaba las fuentes, como la propia vida le sugería temas. Las pisadas dibujaban unas rayas en el suelo e intentaba interpretarlas, cosas así..." agrega Pilar. Chillida le dedicó una de sus obras a Manolo Millares, el fundador del grupo El Paso, y que aparece en el imaginario Panteón del artista junto a sus admirados Joan Miró, Hokusai, Juan Gris y Kandisnky, el bacteriólogo Alexander Fleming, el modisto Cristóbal Balenciaga, el arquitecto Juan de Herrera (El Escorial), los escultores Giacometti, Brancusi y Picasso -"creo que es un escultor fantástico, tan buen escultor como pintor"-, los poetas Goethe, San Juan de la Cruz y Edgar Allan Poe, los filósofos Heiddeger y Bachelard, el piloto Nicky Lauda...
Juan Mari y Eduardo eran muy amigos, así quedaba reflejado en ese libro, y le propuse al matrimonio Chillida que el escultor redactara el prólogo. Juntos rememoramos aquellas andanzas en las que reivindicaban la Universidad para el País Vasco, el "Guernika" de Picasso o el cierre de la central nuclear de Lemoniz. Fue la histórica transición tras la muerte de Franco, en la que Euskadi se quedó "colgada"... Pero lo que más le ilusionaba a Chillida era que Juan Mari se recuperara, porque un hijo suyo había padecido la misma enfermedad y "ni la ciencia se explica" como salió adelante. Pero lo hizo, como Juan Mari. Su hijo Eduardo es ahora un reconocido pintor mientras que su hija Susana es una hábil cineasta que ha tenido la oportunidad de colaborar en algunos proyectos cinematográficos sobre la vida de su padre. Otro hijo, Pedro, ha llegado al Arte a traves del conocimiento y despues de haber estudiado Filosofía. No hace falta decir que toda la familia Chillida adora el Archipiélago y que tanto Lanzarote como Fuerteventura son islas idealizadas por ellos con total sinceridad, la sinceridad de los artistas. ¿Sigue teniendo interés Eduardo Chillida en acometer el proyecto de Tindaya despues de todo lo que ha "llovido"? Con esa pregunta me desplacé hasta San Sebastián, a su mansión de Intz Enea (la casa del rocío, ese rocío de la mañana con que se despierta todo el País Vasco), situada sobre la playa de la Concha. La hospitalidad de la familia Chillida para con los amigos es proverbial, aunque uno a veces se sorprende del escaso pudor con que se utiliza en vano el nombre de Eduardo Chillida, se atribuyen relaciones que no pasan de la mera cortesía y se erijen en portavoces oficiosos del artista cuando solo han estrechado su mano. Una enorme escultura de Chillida -"Homenaje a Jorge Guillén"- antecede la entrada en el jardín principal. Encima de la mole de hierro con su original estilo juegan dos nietos del artista, que se han encaramado a la obra. Sus inocentes juegos hubieran provocado una arritmia cardiaca a cualquier director de museo, pero al natural la escena resulta digna de Pablo Picasso, con quien Chillida compartió exposición en el Museo de Bellas Artes de Houston, bajo el título "Three Spaniards: Picasso, Miró y Chillida". Los norteamericanos intuyeron la dimensión del artista donostiarra en 1962, mientras en España era un perfecto desconocido. Solo hace dos años el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía su sumó al reconocimiento internacional con su muestra "Chillida 1948-1998". Atras quedaban centenares de galardones, de la Royal Academy of Art de Gran Bretaña, de la American Academy of Arts and Letters, de la Academia Internacional Medicea de Florencia, de la Carpenter Center for the Visual Art de la Universidad de Harvard... Sin contar los de Alemania, donde se le considera el mejor escultor europeo vivo, distinción avalada por decenas de premios y por la pasión que despierta en el canciller Schroeder. Me recibe Gonzalo Calderón, uno de sus yernos, el que sigue mas de cerca la torrentera mediática y cultural que genera el artista. Al momento sale "Pili", su esposa, derrochando amabilidad a manos llenas, y detrás, en cuestión de segundos, Eduardo Chillida. - ¿Se acuerda
usted de Juan María Bandrés? La memoria de Chillida no es su fuerte, por lo que el cumplido se agradece y más ahora, cuando está más castigado por la edad. El pasado 10 de enero cumplió 76 años. Su salud es quebradiza, tanto "Pili" como sus 8 hijos, 8 yernos y 26 nietos lo miman entre algodones, pero el genial Eduardo Chillida no está para muchos trotes. Y lo que se le viene encima: el 15 de septiembre se inaugura el "Chillida Leku", el espacio o lugar de Chillida, su ansiada fundación-museo ubicada en 17 hectáreas de un caserío del siglo XVI, donde sus esculturas han conformado el paisaje de un maravilloso bosque animado. La familia lo ha restaurado enterrando sus ahorros de los ultimos 15 años, los únicos en los que el artista ha disfrutado de cierto acomodo económico tras una intensa vida de lucha sin cuartel en favor del arte. El "Chillida
Leku" se ha construido sin un duro de subvención pública,
sin una peseta de apoyo oficial, ni ellos tampoco lo han pedido, mejor
así. Incluso han tenido que batallar contra el ayuntamiento de
Hernani para impedir que una carretera acabe con los robles centenarios
que circundan el terreno. Aquí el ecologismo no protesta, y los
agresores son de cuidado: en Hernani gobierna Herri Batasuna (HB, ahora
EH) con mayoría absoluta, es su municipio mas emblemático,
donde tenía su sede el diario Egin (ahora Gara). LA MONTAÑA DE TINDAYA El Ejecutivo canario promovió tambien una exposición itinerante sobre el proyecto, que se inauguró en la Casa de la Cultura de Puerto del Rosario (Fuerteventura), para pasar posteriormente a la Feria del Arte Contemporáneo de Madrid (ARCO). La ciudad alemana de Bielefeld, Barcelona, Tenerife, Las Palmas y Zurich contemplaron las maquetas, regresando finalmente a las dos capitales del Archipiélago. En Arco, el director de la Fundación Solomon Guggenheim de Nueva York, Thomas Krens, quedó gratamente sorprendido con el montaje de Tindaya efectuado por Kosme de Barañano, catedrático de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco. Durante la presentación de la muestra "Eduardo Chillida; obra gráfica 1986-1996", organizada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, Krens aprovechó para felicitar personalmente al escultor vasco. La muestra se exhibió en el edificio de Frank Lloyd Wright de la Quinta Avenida neoyorquina, financiado por el Gobierno de Canarias y compuesto por tres maquetas, donde el espectador aprecia la relación de la montaña con el mar, a través de un mirador, y con el Universo, el Sol y la Luna, que penetran en el espacio vacío de Tindaya por dos aberturas superiores. Diecisiete paneles explicativos, tres grandes esculturas de granito y alabastro, otra de acero, diez dibujos, una gravitación y siete lunas completan el montaje. A Chillida le han concedido un ultimo premio en Alemania y eso ocupa la conversación familiar. "El galardón es de la Piperbruck y se lo daran muy pronto. Estamos muy contentos", dice Pilar, que ha podido comprobar el entusiasmo que despierta en ese país al terminar su nueva obra en la Cancillería de Berlín. "Estuvo muy emocionado y hasta el canciller Schroeder nos ha prometido que vendrá el 15 de septiembre a la inauguración de la "Chillida-Leku". Vamos a ver..." Schroeder es un apasionado de la obra de Chillida, siempre se ha jactado de ello en declaraciones públicas. Invitó al matrimonio a almorzar cuando estuvieron en Berlín y les confesó que a Eduardo lo seguía desde joven, concretamente desde el año 1965, cuando hizo su primera exposición de esculturas en Hannover: "Nos alegramos porque su sensibilidad es manifiesta. En Berlín dicen que nunca habían tenido un canciller tan apasionado por el arte nuevo..." |