TRILOGIA DE UNA MINA:
EL CENTENILLO

Luis García Sanchez-Bellver


Caract: Todos los libros contienen numerosas ilustraciones
Precio: 35 euros


El Centenillo
Un pueblo andaluz y minero

El Centenillo
Historia de las explotaciones minera
s
El Centenillo. Documentos y estampas de un coto minero

 

 

SINOPSIS
Viaje literario, histórico y documental a El Centenillo, un pueblo de Jaén cuyas minas de plomo se remontan a la época romana. Extraordinario trabajo de investigación escasamente difundido que emerge a uno de los investigadores jienenses del siglo XX más cualificados que ha dado a luz la provincia y que aflora anécdotas y circunstancias del devenir de sus habitantes. El segundo libro de Luis García Sánchez-Bellver sobre El Centenillo contiene nuevas revelaciones y documentos inéditos sobre el devenir de esta localidad jienense, cuya historia está jalonada por sus explotaciones mineras de plomo. Por último, nuevamente una intensa recopilación de escritos y documentos inéditos cierran la trilogía de este escritor jienense acerca del mítico y esplendoroso pueblo de El Centenillo, cuna de numerosas civilizaciones y asiento de sucesivas colonias de ingenieros ingleses y franceses que explotaron sus minas. Este ultimo libro estaba en imprenta cuando sucedió el repentino fallecimiento del autor en el verano de 2003. Sus cenizas fueron aventadas por su familia en El Centenillo, cerca del pozo El Mirador, por deseo expreso suyo.


RESEÑAS Y CRITICAS
IDEAL
El Centenillo, un pueblo andaluz y minero
Con un lenguaje sencillo y directo, lejos de las pesadas retrospectivas de los libros donde la historia es el hilo argumental, Luis García Sánchez-Berbel ha querido plasmar en su obra el pasado de El Centenillo, un pueblo jienense al que le unen sus recuerdos de la infancia. Con el mismo nombre y completado con el epígrafe Un pueblo andaluz y minero, el trabajo de este investigador jienense afincado en Madrid se presenta mañana en este enclave marcado por la minería. Esta actividad es el eje argumental de la obra que recorre con precisión los antecedentes de El Centenillo, donde romanos, cartaginenes e ingleses concentraron todos sus esfuerzos en robar las ricas entrañas de su tierra. Dedicado a Pilar, el prólogo resume el contenido del libro en el que se aprecia claramente el minucioso trabajo de documentación del autor que, en ocasiones, perdido entre legajos de la Biblioteca Nacional, ha sabido realizar el gran esfuerzo de la síntesis y selección de datos interesantes para su trabajo.

DIARIO JAÉN
S. F.

La plaza de Juan Matalasbichas acogió recientemente la presentación del libro El Centenillo, un pueblo andaluz y minero, del que es autor el investigador jienense afincado en Madrid Luis Garcia Sánchez Berbel. Este acto contó con la asistencia del alcalde de esta localidad, Antonio Frat Cobo, varios concejales de la corporación municipal de La Carolina y el parlamentario andaluz del PP, Antonio Rodríguez. Con un lenguaje sencillo y directo, lejos de las pesadas restrospectivas de los libros donde la historia es el hilo argumental, Luis García ha querido plasmar en su obra el pasado de este pueblo de la geografía jienense, al que le unen sus recuerdos de la infancia. En este sentido, el autor del citado trabajo ha sabido moverse en ese ancho campo de la antropología que va desde la mera anécdota hasta el riguroso dato, y ha eloborado unas cálidas páginas transidas de recuerdos y vivencias, sin otra preocupación que la de conseguir adentrar al lector en ese apartado rincón minero tan alejado y escondido por la geografía. Ha sido esa laboriosa tarea realizada por el autor en la localización de la más diversa bibliografía, la que ha servido para recobrar una imagen que parecía perdida y extraviada en el pasado que, sumado al personal testimonio de éste, le ha llevado a la consecución de unas relevantes y amenas páginas. Luis García Sánchez-Berbel, que cuenta con 71 años de edad, manifestó a JAEN al término del acto, que ha tardado en escribir el citado el libro alrededor de tres años, ya que ha tenido que hacer uso de numerosos documentos insertados en una amplia bibliografía. Además, el mencionado escritor, que se define como un "lector empedernido", indicó que "este libro es una denuncia contra el colonialismo inglés, ya que los británicos se preocuparon de que no quedara ningún documento de su paso por la minería de El Centenillo, y sólo se dedicaron a explotar a la clase obrera que existia en el año 1828". Desde la atalaya de Londres, las finanzas inglesas estaban en atenta vigilancia y pendiente de cualquier contingencia que pudiera darse en la actividad minera de ese punto geográfico señalado como Sierra Morena y por donde asoman bien destacados los vértices de ese triángulo que forman Linares, La Carolina y El Centenillo".

IDEAL
Mineros de El Centenillo
Andrés Cárdenas

El tópico nos dice que los toreros sienten debilidad por las folklóricas, que los periodistas son trasnochadores, que a los escritores les gusta la absenta y el tabaco, que las monjas de clausura pasan la mayor parte de su tiempo elaborando dulces y que los mineros de Jaén, cuando los había, terminaban la jornada en las tabernas ahogando sus penas en vino. Leyendo una pequeña joya literaria sobre las minas de El Centenillo, obra de Luis García Sánchez-Berbel, me entero de que existían personajes muy populares en aquella parte de Sierra Morena que se bebían lo que no hay en los escritos despues de pasarse todo el día a cien metros bajo tierra. Aquellos mineros de Los Guindos y El Centenillo celebraban diariamente su vuelta a la faz de la tierra con varias botellas de vino compradas en el economato. Todos sabían que tarde o temprano agarraban la silicosis y querìan olvidarlo con los efluvios etílicos. Entre estos personajes estaba Pepe el de la botella, barrenero resignado a su suerte que no estaba dispuesto a perder el humor que le caracterizaba. Cuando fue a hacerse una revisión médica, el facultativo le dijo que habían aparecido unas manchas negras en sus pulmones que presagiaban las primeras tarascadas de sílice en su organismo. "No se preocupe doctor, esas manchas son del vino tinto", le contestó Pepe con la entereza del que acata la evidencia de su destino. Otro personaje querido y admirado en El Centenillo, segun cuenta Luis García en su obra, era Angelíco Lara, que en vez de tomarse doce uvas en Nochevieja, se bebía doce chatos de vino blanco porque pensaba que no había que desperdiciar doce uvas en tal celebración. Angelíco Lara se metió entre pecho y espalda 44.000 litros de vino en su vida entre mineros, según las cuentas del médico que lo atendía. A uno de estos mineros se le achaca la anécdota convertida en chiste del bebedor empedernido que llegó borracho a su casa y la mujer exclamó con desesperación: "¡que le echaría yo al vino para que lo aborrecieras!". El minero, con esa pasividad que da la cogorza, le contestó aquello de: "echale un melocotoncillo".

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