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SINOPSIS
Viaje literario, histórico y documental a El Centenillo, un pueblo
de Jaén cuyas minas de plomo se remontan a la época romana.
Extraordinario trabajo de investigación escasamente difundido que
emerge a uno de los investigadores jienenses del siglo XX más cualificados
que ha dado a luz la provincia y que aflora anécdotas y circunstancias
del devenir de sus habitantes. El segundo libro de Luis García
Sánchez-Bellver sobre El Centenillo contiene nuevas revelaciones
y documentos inéditos sobre el devenir de esta localidad jienense,
cuya historia está jalonada por sus explotaciones mineras de plomo.
Por último, nuevamente una intensa recopilación de escritos
y documentos inéditos cierran la trilogía de este escritor
jienense acerca del mítico y esplendoroso pueblo de El Centenillo,
cuna de numerosas civilizaciones y asiento de sucesivas colonias de ingenieros
ingleses y franceses que explotaron sus minas. Este ultimo libro estaba
en imprenta cuando sucedió el repentino fallecimiento del autor
en el verano de 2003. Sus cenizas fueron aventadas por su familia en El
Centenillo, cerca del pozo El Mirador, por deseo expreso suyo.
RESEÑAS Y
CRITICAS
IDEAL
El Centenillo, un pueblo andaluz y minero
Con un lenguaje sencillo y directo, lejos de las pesadas retrospectivas
de los libros donde la historia es el hilo argumental, Luis García
Sánchez-Berbel ha querido plasmar en su obra el pasado de El Centenillo,
un pueblo jienense al que le unen sus recuerdos de la infancia. Con el
mismo nombre y completado con el epígrafe Un pueblo andaluz y minero,
el trabajo de este investigador jienense afincado en Madrid se presenta
mañana en este enclave marcado por la minería. Esta actividad
es el eje argumental de la obra que recorre con precisión los antecedentes
de El Centenillo, donde romanos, cartaginenes e ingleses concentraron
todos sus esfuerzos en robar las ricas entrañas de su tierra. Dedicado
a Pilar, el prólogo resume el contenido del libro en el que se
aprecia claramente el minucioso trabajo de documentación del autor
que, en ocasiones, perdido entre legajos de la Biblioteca Nacional, ha
sabido realizar el gran esfuerzo de la síntesis y selección
de datos interesantes para su trabajo.
DIARIO
JAÉN
S. F.
La plaza de Juan Matalasbichas acogió recientemente la presentación
del libro El Centenillo, un pueblo andaluz y minero, del que es autor
el investigador jienense afincado en Madrid Luis Garcia Sánchez
Berbel. Este acto contó con la asistencia del alcalde de esta localidad,
Antonio Frat Cobo, varios concejales de la corporación municipal
de La Carolina y el parlamentario andaluz del PP, Antonio Rodríguez.
Con un lenguaje sencillo y directo, lejos de las pesadas restrospectivas
de los libros donde la historia es el hilo argumental, Luis García
ha querido plasmar en su obra el pasado de este pueblo de la geografía
jienense, al que le unen sus recuerdos de la infancia. En este sentido,
el autor del citado trabajo ha sabido moverse en ese ancho campo de la
antropología que va desde la mera anécdota hasta el riguroso
dato, y ha eloborado unas cálidas páginas transidas de recuerdos
y vivencias, sin otra preocupación que la de conseguir adentrar
al lector en ese apartado rincón minero tan alejado y escondido
por la geografía. Ha sido esa laboriosa tarea realizada por el
autor en la localización de la más diversa bibliografía,
la que ha servido para recobrar una imagen que parecía perdida
y extraviada en el pasado que, sumado al personal testimonio de éste,
le ha llevado a la consecución de unas relevantes y amenas páginas.
Luis García Sánchez-Berbel, que cuenta con 71 años
de edad, manifestó a JAEN al término del acto, que ha tardado
en escribir el citado el libro alrededor de tres años, ya que ha
tenido que hacer uso de numerosos documentos insertados en una amplia
bibliografía. Además, el mencionado escritor, que se define
como un "lector empedernido", indicó que "este libro
es una denuncia contra el colonialismo inglés, ya que los británicos
se preocuparon de que no quedara ningún documento de su paso por
la minería de El Centenillo, y sólo se dedicaron a explotar
a la clase obrera que existia en el año 1828". Desde la atalaya
de Londres, las finanzas inglesas estaban en atenta vigilancia y pendiente
de cualquier contingencia que pudiera darse en la actividad minera de
ese punto geográfico señalado como Sierra Morena y por donde
asoman bien destacados los vértices de ese triángulo que
forman Linares, La Carolina y El Centenillo".
IDEAL
Mineros de El Centenillo
Andrés Cárdenas
El tópico nos dice que los toreros sienten debilidad por las folklóricas,
que los periodistas son trasnochadores, que a los escritores les gusta
la absenta y el tabaco, que las monjas de clausura pasan la mayor parte
de su tiempo elaborando dulces y que los mineros de Jaén, cuando
los había, terminaban la jornada en las tabernas ahogando sus penas
en vino. Leyendo una pequeña joya literaria sobre las minas de
El Centenillo, obra de Luis García Sánchez-Berbel, me entero
de que existían personajes muy populares en aquella parte de Sierra
Morena que se bebían lo que no hay en los escritos despues de pasarse
todo el día a cien metros bajo tierra. Aquellos mineros de Los
Guindos y El Centenillo celebraban diariamente su vuelta a la faz de la
tierra con varias botellas de vino compradas en el economato. Todos sabían
que tarde o temprano agarraban la silicosis y querìan olvidarlo
con los efluvios etílicos. Entre estos personajes estaba Pepe el
de la botella, barrenero resignado a su suerte que no estaba dispuesto
a perder el humor que le caracterizaba. Cuando fue a hacerse una revisión
médica, el facultativo le dijo que habían aparecido unas
manchas negras en sus pulmones que presagiaban las primeras tarascadas
de sílice en su organismo. "No se preocupe doctor, esas manchas
son del vino tinto", le contestó Pepe con la entereza del
que acata la evidencia de su destino. Otro personaje querido y admirado
en El Centenillo, segun cuenta Luis García en su obra, era Angelíco
Lara, que en vez de tomarse doce uvas en Nochevieja, se bebía doce
chatos de vino blanco porque pensaba que no había que desperdiciar
doce uvas en tal celebración. Angelíco Lara se metió
entre pecho y espalda 44.000 litros de vino en su vida entre mineros,
según las cuentas del médico que lo atendía. A uno
de estos mineros se le achaca la anécdota convertida en chiste
del bebedor empedernido que llegó borracho a su casa y la mujer
exclamó con desesperación: "¡que le echaría
yo al vino para que lo aborrecieras!". El minero, con esa pasividad
que da la cogorza, le contestó aquello de: "echale un melocotoncillo".
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