Pregunta:
¿Cuáles serían los rasgos principales, según
tu parecer, que marcan el carácter de un habitante de provincias?
Respuesta: Quizá el principal rasgo haya que buscarlo precisamente
en una reacción a la contra. Es decir, frente a la universalización
y la globalización a las que parecemos abocados, se produce en
el provinciano un moviento de vuelta hacia lo más próximo,
hacia lo cercano. El desasosiego y las carencias íntimas que
produce en el habitante de provincias esa dinámica de la globalización
lo acaban llevando al amor por las pequeñas cosas: por su ciudad,
por su pueblo, por el barrio. No obstante, si uno ha racionalizado convenientemente
esa dinámica actual o ha vivido fuera de los ámbitos provincianos,
regresar a la provincia puede ser algo positivo y enriquecedor. Pero
si no ha sido así, la visión ombliguista y localista hace
que los horizontes mentales se empobrezcan y la realidad se contemple
desde una óptica deformada..
P.: ¿Te atreverías
a apuntar algunos de los aspectos más acusados del carácter
almeriense, incluso aquéllos que lo definirían como claramente
provinciano?
R.: Sería difícil
de determinar, pero tal vez sea, en efecto, esa actitud estrecha y pequeño
burguesa con que siempre se han recibido aquí los fenómenos
y las corrientes novedosas de todo tipo. Esto es algo que he denunciado
a menudo en mis artículos. Para explicar con algún rigor
lo que ha sucedido en Almería deberíamos remontarnos un
poco en nuestra historia. A lo largo del siglo XIX, sobre todo en su
segunda mitad, llegan a Almería una serie de familias de origen
italiano, francés, belga, etc.; gente preparada y muy emprendedora
que en seguida se hace con la industria de la minería, la más
floreciente entonces y la que más beneficios reportaba. Pronto
esa burguesía toma también el control político
para salvaguardar sus intereses económicos y de clase. Esas familias
y sus descendientes, emigrantes en su origen y de apellidos muy concretos,
acaban con el tiempo por convertirse precisamente en la gente, digamos,
más emblemática de Almería. Esta burguesía
que fue en un principio emprendedora y en cierto modo "revolucionaria"
se hizo conservadora y reaccionaria, aliándose ya en este siglo
con las derechas que más tarde propiciaron el advenimiento del
franquismo.
P.: ¿Serían esas,
por tanto, las causas socio-históricas de la tradicional dificultad
del almeriense para abrirse al exterior?
R.: Está claro. La sociedad
almeriense ha sido siempre muy cerrada al estar dominada fundamentalmente
por esa burguesía conservadora y también por la influencia
de la Iglesia. En el arte, por ejemplo, el arraigado mantenimiento de
unas concepciones de base religioso-teológicas, ha hecho que
se haya reaccionado siempre en contra de las tendencias más vanguardistas,
que se rechazara todo lo que no fuera una cierta mímesis de la
naturaleza. Y esa situación, aunque ya no es parangonable con
épocas pasadas, se sigue dando aún como rémora
de aquella ideología retrógrada. Incluso los que conocen
y gustan de las tendencias más modernas siguen cultivando con
frecuencia un arte "antiguo" porque es lo que más demanda
la sociedad almeriense.
P.: Hace unos doce años,
en el prólogo a un libro de entrevistas, te referías a
Almería como "una provincia maldita, geológica y
políticamente dormida". ¿Ha cambiado desde entonces
tu visión de las cosas ¿Ha cambiado en algo esta provincia?
R.: Al escribir eso no hacía
sino referirme a una idea que ya llevaba tiempo en circulación
y que volvió a irrumpir con fuerza a finales de la década
de los 60 y principios de los 70, sobre todo a raíz de la aparición
de algunos libros de gente como José María Artero, Fausto
Romero y otros. Eso coincidió con el declive de la exportación
de la naranja y de la uva y con los comienzos del cultivo bajo plástico,
que ha cambiado radicalmente las bases de la economía almeriense.
Surgió así otro grupo social emprendedor que se vio rápidamente
enriquecido, pero que en realidad se halla desclasado, pues su florecimiento
económico no estuvo acompañado, o no venía apoyado,
por unas sólidas bases culturales. El resultado ha sido una nueva
clase reaccionaria, sin interés real por la cultura, por su aspecto
revolucionario y modernizador, sino más bien apegado a un sentimentalismo
pequeño burgués y a un mero interés por los aspectos
más externos y superficiales de la cultura. Aunque las cosas
han cambiado un tanto desde entonces, el camino se adivina todavía
largo y lleno de complejidades.
P.: ¿Qué me dices
entonces del papel ejercido en décadas anteriores por los indalianos,
por el grupo AFAL o por personas como Celia Viñas o el propio
Artero?
R.: Ellos contribuyeron, desde luego,
a ensanchar los reducidísimos horizontes de esta provincia en
unos años en los que todo era incomparablemente más difícil
que ahora. Es verdad que los indalianos, por ejemplo, lograron universalizar
en cierta medida el paisaje de Almería, favoreciendo que lo nuestro
se publicitase y fuese conocido en el exterior. Pero fíjate que
los motivos más repetidos en sus cuadros eran el paisaje rural,
los tipos campesinos, los pescadores, las marinas, el pueblecito, las
Chancas, etc. Es decir, todo ese mundo sentimental profundamente apegado
al terruño y, en consecuencia, limitado y estrecho: provinciano,
una vez más.
P.: Por último, y por enlazar
con el inicio de nuestra conversación, me gustaría que
me comentases brevemente las ventajas e inconvenientes de vivir en provincias.
R.: Entre las primeras, está
sobre todo la inmediatez del trato, la facilidad del encuentro amistoso
y el modelo humano de relaciones que eso conlleva, bastante distinto
del que podemos hallar en las grandes urbes. En cuanto a los inconvenientes,
volvería a referirme a esa visión estrecha y pacata de
los acontecimientos, a ese afán por jugar aún con los
símbolos. Y me estoy refiriendo, en concreto, a ese interés
que hubo aquí por crear una especie de cosmología disparatada
alrededor del indalo, propia de una sociedad agrícola fuertemente
supersticiosa y clerical, muy poco cultivada. De todas formas, y a pesar
de esto último, creo que en general ya no se puede establecer
como en otro tiempo esa oposición tan marcada entre el centro
y la periferia. Pienso que el sentido peyorativo y despectivo de lo
provinciano irá dejando de funcionar progresivamente. En el momento
actual tenemos en Almería potencialmente todos los medios a nuestro
alcance para sacudirnos de una vez los obstáculos y los lastres
del pasado: sólo falta que nos desprendamos de la desidia y el
conformismo. Confío en que los rasgos más característicos
del almeriense, que, como mediterráneos que somos, le vienen
dados por las bondades del clima, acaben por estimular una forma de
vida y de relaciones más vitalistas y receptivas. Más
volcadas, en definitiva, hacia el exterior.
Antonio
Fernández Gil "Kayros"
Bibliografía
Concierto de clavicémbalo (1977). Romance
anónimo del Río Andarax (1981). La caída de Salvador
Allende y la prensa (1983). Los pintores de Argar (1987). Narradores
almerienses contemporáneos, 1936-1988 (1991). Cuadernos de Retamar
(1994). Jesús de Perceval. Biografía (1996).