Aprovechando el
socorrido recurso a la etimología, se me permitirá explicar
brevemente el sentido del término "extraviado" que
figura en la cabecera de esta revista y cuya inclusión tal vez
llame la atención del público lector previamente dispuesto
a la chanza y la maledicencia. A este respecto, me preguntaban hace
unos días si eso de "extraviados", además de
formar parte del título, contenía también un sentido
en cierto modo premonitorio. Quisiera empezar por aclarar que, antes
bien, lo que pretende ser es una simple declaración de intenciones.
El dichoso adjetivo, aparte de su acepción más común
-esa que tiene que ver con la locura o la insania-, constituye el típico
ejemplo de palabra compuesta en la que la preposición latina
"extra" actúa de prefijo separable con el sentido de
"fuera de", al cual se le une la partícula "viado",
derivada del sustantivo "vía": ruta, camino, sendero.
Por lo tanto, "extraviados" son, en puridad, aquéllos
que andan fuera del camino, los que se apartan de la vía: en
este caso, del camino más usual, más trillado, más
común, y eligen para dar cauce o expresión a sus ideas
e intenciones otras sendas menos frecuentadas, menos habituales, bien
por escabrosas, bien por peliagudas. De ahí, merced a una curiosa
analogía, el hecho de que este término pasara más
tarde a aplicarse a los enajenados, a los que se apartaban de las reglas
normales de conducta y/o de pensamiento.
Desde luego, este camino extraño o extravagante es el que parece
que hay que tomar cuando alguien se decide a embarcarse en cualquier
propuesta cultural que, si se quiere dotada de una mínima dignidad
en sus contenidos y objetivos, surja y se desarrolle en una ciudad como
Almería. Una ciudad que, salvo contadas y honrosas excepciones,
y por diferentes circunstancias en la que me es imposible detenerme
ahora, no se ha destacado precisamente por la trascendencia o la prolongación
en el tiempo de este tipo de manifestaciones editoriales. Por ello mismo
nos parece que cuando surge entre nosotros un producto de estas características
y su propósito es el de servir de vehículo para el pensamiento
y la opinión, para la reflexión independiente en torno
a diferentes asuntos relacionados en general con la cultura y la sociedad,
el simple hecho de su existencia se convierte en un acontecimiento merecedor
cuando menos de ser tenido en cuenta.
Ese carácter de independencia que a los responsables de la revista
nos gusta remarcar pienso que ha de venir dado, ante todo (aparte de
por su intención de no cargar sus páginas a costa del
presupuesto público, como resulta tan habitual por estos pagos),
por el contenido de los artículos y trabajos que en ella se recojan,
a cuyos autores les pediremos, además de auténtica competencia
en sus respectivas materias, todo lo contrario a la complacencia, la
reverencia o el servilismo hacia cualquier tipo de intereses espúreos
o bastardos, hállense éstos donde quiera y tengan el nombre
que tengan. Esto no significa, lógicamente, que no elogiemos
todo aquello que creamos elogiable, todos aquellos proyectos o actuaciones
que creamos basados en la dignidad y el carácter verdaderamente
útil y provechoso de sus objetivos y resultados. Pero la revista
nace con una vocación fundamentalmente crítica, siendo
sus receptores ideales todos aquellos que habitan y sienten algún
tipo de preocupación hacia esta tierra nuestra, que ha vivido,
y sigue viviendo en tantos aspectos, al margen de tantas cosas.
Admitamos, por otro lado, que el mantenimiento a lo largo de los años
de unas ciertas actitudes de sospecha, de incomodidad, e incluso de
temor o de inquina ante cualquier proyecto o idea que no viniera avalada
por la pertenencia a una serie de círculos cerrados, endogámicos
y, por tanto, empobrecedores, nos han hecho lamentarnos a muchos de
nosotros ante actitudes que no cabría calificar sino de reaccionarias,
de pacatas o de pueblerinas: actitudes que en demasiadas ocasiones nos
han conducido a un letargo y a un atraso creativo, intelectual o de
simple criterio estético cuyas funestas consecuencias acaban
repercutiendo sobre el tejido social en su conjunto, determinando modos
de ser y comportamientos frecuentemente indeseables.
Parece evidente que las condiciones o las posibilidades para superar
esta serie de rémoras que han venido lastrando el empuje y las
iniciativas de los mejores, han de venir guiadas por una voluntad dispuesta
a superar localismos y estrecheces mentales que no consiguen sino condenar
a la colectividad a la inconsciencia, la inanidad y, en definitiva,
la inexistencia. En este sentido, la aparición y proliferación
de esfuerzos y materializaciones de este tipo deben ser apoyadas y contempladas
como otros tantos lugares de reflexión y de intercambio donde
el afán de apertura y el interés hacia las corrientes
del exterior arraiguen y sean comunicadas por medio de ese instrumento
subvertidor y fundamentador a un tiempo que es el lenguaje. Y deben
de contemplarse, también, como una llamada de atención
sobre nuestra tierra, como una forma de transmitir más allá
de las fronteras provinciales nuestra existencia y de reclamar atención
sobre lo que aquí se hace, se piensa, se discute.
En fin, creemos que son necesarias, aquí y ahora, personas cuya
iniciativa se muestre dispuesta a vencer todo modo de condicionantes
e impedimentos que tradicionalmente han hecho de las periferias lugares
apartados y poco propicios a la innovación, la recepción
y el desarrollo de los más renovadores flujos culturales. En
el mundo del intercambio global de la información, de la comunicación
en tiempo real y de los avances tecnológicos en el que estamos
inmersos, no debe de seguir manteniéndose esa distinción
tan acusada entre un centro decisorio, impositivo y alejado, y una periferia
pasiva, inerme y olvidada. Y a ello, modestamente, deseamos contribuir
desde estas páginas.
Presentación
de Cordel de extraviados
Galería Acanto (Almería)