Primero innecesarias
y sinceras disculpas por no haberme contestado a esa misiva, después
innecesarias y generosas indulgencias que anteriormente me había
ofrecido. Y por fin, al grano: El Ejido.
- Son cristianos viejos disfrazados de europeos nuevos. Por decir eso
en un artículo me declararon persona non grata en El Ejido. Y
votaron a favor PP, PSOE y hasta IU. Luego me escribió el presidente
Chaves pidiendo disculpas, pero no es a mí ante quienes tienen
que disculparse, porque sobre todo había que hacer algo. Una
buena parte del pueblo de El Ejido no sabe ni quiere leer ni escribir,
tras veinticinco años de democracia.
La queja de alguien que nunca se ha quejado, el nítido lamento
de alguien que nunca se ha lamentado. Usa viejos proverbios para definir
el error de la situación: "No sirvas a quien sirvió
ni pidas a quien pidió".
A mí no me gustan los refranes ni los tópicos para analizar
situaciones actuales. No es el momento de los adagios sino de la formación
y la información. "Malditos refranes, no quiero escuchar
más" cantaba Gabinete Caligari. A Juan Goytisolo tampoco
le gustan, pero los utiliza como el ultimo resquicio irónico
de un alma que lleva clamando y anunciando esta desgracia 20 años,
que se ha exiliado por ella, y que a los 20 años ahora vienen
a escucharle y a darle la razón. El Ejido es sólo una
derivada, quizás la peor o la más descarnada. El problema
ha sido el tránsito de la dictadura a la democracia, porque ésta
no se ha enseñado, sólo se ha diseñado. Y algunos
sólo la han ordeñado.
Quedamos a desayunar el sábado, a las 9,00 de la mañana.
Puntual como un británico, se lleva las manos a la cabeza: "¿pero
no era por teléfono?". Pues no. En su hotel, a las 9,00
horas. Estaba bien claro. Cuando me dice que le acompañe al quiosco
a comprar la prensa, me temo lo peor. Es un ardid que frecuenta para
ahuyentar compañías molestas. Les pide que le acompañen
a comprar el periódico y allí les despide y les da esquinazo.
En el trayecto conversamos escuetamente.
- La prensa le llama Goytisolo el Africano...
- Para la Europa que estamos construyendo, mejor africano que europeo...
Siempre la ironía o el sarcamo en la boca. Compra El País
y La Razón, entre otros diarios. Quiere informarse de uno y otro
lado. Entramos en una cafetería de la Plaza de Alonso Martínez,
casualidades de la vida, donde murió Colombine, otra exiliada
republicana almeriense que sigue estando proscrita en su tierra. Me
vuelve a reiterar que mi carta le conmovió, ese es el verbo que
siempre utiliza. Cree haber podido visualizar que el político
del PP que la turba confundió con el presidente de Almería
Acoge, la oenegé que arropa a los árabes, pudo haber terminado
ahorcado en la plaza pública y aplaudido por una masa enloquecida
y enfervorizada. "Eso me ha conmovido..."
A mí tambien me conmovieron las imágenes. Las he visto
de pequeño en Adra, en Almería, en Balerma, en Roquetas,
en Los Molinos. Así linchaban a los árbitros cuando pitaban
en contra del equipo local, así se dirimían disputas,
así se deslindaban tierras. El ahorcado, una figura cotidiana
en el Poniente almeriense, una fórmula habitual que usan los
suicidas en la zona, está presente en mi memoria. Han sido demasiados
cuentos, demasiadas noticias, demasiadas leyendas sobre el ahorcado
como para olvidarse facilmente. El ahorcado, que no lo fue pero que
estuvo a punto, conmovió a Goytisolo.
-Tienes que hablar con Beyuki, el presidente de ATIME (la asociación
de inmigrantes marroquíes en España)
- Lo haré.
Abdel Beyuki, retengan este nombre porque vamos a tenerlo muy presente
en los próximos años y lustros. Me interesó su
libro La Transición política en Marruecos, presentado
en la Asociación de Periodistas Europeos. Tuve noticia de él
por Alberto Míguez, pero Goytisolo también me lo recomienda.
- Estoy muy preocupado por lo de El Ejido. No veo un enfoque correcto
para paliar el problema.
- Yo tampoco. Me recuerda los momentos en que escribí sobre La
Chanca y el preboste franquista de la época me señaló
ante el barrio diciendo que eran necesarias mejoras, bienestar, paciencia,
todo con la retórica franquista, y añadió que también
hacían falta menos goytisolos, como si fuera una lacra, una enfermedad
o una peste. Seguro que esa pobre gente lo entendió así,
sin saber quién era Goytisolo.
Sonrisas mías y carcajadas interiores suyas, de esas que son
tan típicas en él. Es la risa del hombre herido, curado,
entristecido, encanecido pero nunca encanallado. Le cuento la anécdota
de Paulo Coelho: hay que poner un geranio en la ventana para que el
vecino por envidia plante dos, y el otro vecino tres, y otro encere
la calle, y otro pinte las fachadas, y empecemos a suplantar el barrio
gris, feo y triste que heredamos, por uno algo mejor. Le propongo firmar
un manifiesto.
- Yo ya he decidido no hacer nada más de eso. El antiguo alcalde
me propuso dar una conferencia sobre integración y tolerancia,
pero ya estoy harto de que se hagan la foto conmigo y me utilicen. Sólo
iré con Almería Acoge, con la Asociación de Mujeres
Progresistas y con ATIME. Se acabó.
Seguimos conversando de la podredumbre moral y la nula eficacia de las
autoridades académicas, culturales y educativas almerienses,
que son de todos los pelajes políticos. El grado de miseria ha
llegado hasta la alucinación colectiva, mientras una buena parte
del pueblo se enriquece hasta extremos inimaginables pero sin saber
leer ni escribir y con graves dificultades para expresarse oralmente.
Sí, son una minoría pero, ¿acaso no es esa minoría
la que ha enseñoreado el nombre de El Ejido, de Almería,
de Andalucía y de España por todo el mundo en aquellos
tristes sucesos de la noche del sábado 5 de febrero del año
2000?
- Mis amigos de Nueva York me dicen que en Estados Unidos dieron la
noticia abriendo los informativos de televisión con el siguiente
titular: "Arde España". Estamos igual que hace 30 años.
- No, estamos peor. El problema no es que los políticos y funcionarios
demócratas se comporten culturalmente como los prebostes del
franquismo que abominaban de los "goytisolos". El problema
es que podemos retrotraernos 500 años. Nos olvidamos de que tras
los fastos de 1492 vino la persecución de los moriscos por las
Alpujarras y después su expulsión...
Goytisolo asiente cabizbajo, sin dejar de mirarme con esos ojos turquesa
que escudriñan el pensamiento. Cualquier mentiroso quedaría
al descubierto tras ser examinado por esos ojos. Ni siquiera ha leído
el manifiesto dirigido a las gentes honradas y sensatas de El Ejido
y de Almería y me dice que respalda moralmente la iniciativa,
aunque me deja entrever que su frente es el europeo, la opinión
pública mundial. La situación es tan kafkiana que su firma
puede ser contraproducente en esta provincia porque es la rúbrica
de un disidente, de un heterodoxo, de un proscrito.
- Sé muchas cosas por José Angel Valente, a quien cuidaba
una monjita que es de El Ejido. Yo fuí uno de los culpables de
su viaje a Almería. Le dije que era un sitio tranquilo, acogedor,
cálido, tolerante, abierto... Y mira en lo que se ha convertido.
Yo estuve en El Ejido en enero de 1998 y ya me di cuenta de lo que pasaba,
lo dejé escrito...
Valente le había referido una conversación que escuchó
de un señor mayor apostado en una cabina telefónica de
Almería. Le decía a su interlocutor que "todos los
argelinos son unos ladrones". El poeta le reprendió, le
dijo que no era exacto, que todos los hombres no son iguales, pero el
almeriense sólo acertó a responder: "don José
Angel, que yo no soy racista".
Sonrisas, que son sólo muecas del alma avinagrada por las circunstancias,
penosas circunstancias. Almería ha sido el aldabonazo en la conciencia
colectiva, pero existen otros lugares "elegidos" para la convivencia.
Alberto Míguez vio el otro día cómo apaleaban a
un argelino en la Gran Vía al sorprenderle robando. Yo mismo
vi en una madrugada madrileña de cuya fecha no quiero acordarme
a un grupo de niños árabes, de entre 10 y 14 años
como máximo, deambular por el dédalo de siniestras autopistas
periféricas cercanas a la Casa de Campo. La imagen me sobresaltó.
Bien vestidos y aseados, pero inconfundiblemente magrebíes (los
peristas y estraperlistas los usan para robar ropa cara en los grandes
almacenes), habían formado un pequeño clan para sobrevivir
en la gran ciudad y defenderse de sus mayores. A dónde iban a
esas horas o lo que pretendieran hacer no es cosa de literatos sino
de cineastas. "Erase una vez en América", la película
que dirigió Sergio Leone y musicó Ennio Morricone, también
almerienses de adopción, fue lo primero que me vino a la memoria.
Y ese cine me recuerda otra época dorada de Almería, cuando
"El Habichuela", entrañable personaje y "extra"
en todas las películas rodadas en el desierto de Tabernas, aparecía
en la gran pantalla y era vitoreado por nosotros en los cines de barrio
con más énfasis que John Wayne o Elisabeth Taylor. Y es
que lo de matar la gallina de los huevos de oro es algo característico
de una ciudad cuyos vaivenes históricos son cadenciales. "El
Habichuela" murió sin el más mínimo reconocimiento;
yo lo vi mendigando por las calles del Zapillo con la salud quebrada.
¿Ocurrirá esto de nuevo en Almería? Quizas ya esté
ocurriendo y seamos miopes. Goytisolo me cuenta que fue el antiguo presidente
de la Diputación, Tomás Azorín, quien a regañadientes
había aceptado la conversión de Níjar-Cabo de Gata
en Parque Natural, frente a los intereses especulativos de los constructores
y de la propia Diputación. Una comisión del Parlamento
Europeo había logrado salvar el Parque de las garras urbanísticas,
que hincan todavía sus uñas en forma de invernaderos,
y éste hombre, tildado de progresista, no estaba de humor. Al
acto iba a acudir Valente, impulsor de la iniciativa, pero se retrasaba.
Y Azorín esperaba junto a los eurodiputados franceses, belgas
y alemanes, que venían a avalar el salvamento ecológico,
ignorando que uno de ellos conocía perfectamente la lengua española.
Fue llegar Valente y el presidente, entonces temido en Almería,
espetó a un subalterno:
- Ahí viene el hijo de puta ese.
El eurodiputado que estaba a su lado conocía el castellano y
se alarmó. ¿Quién era ese político local
que insultaba con odio a un poeta? La muerte de Federico García
Lorca seguía estando muy presente. Pero no fue la única
afrenta moral que sufrió el discípulo de San Juan de la
Cruz que vino a Almería caído del cielo y que los torpes,
ciegos de envidia, ignorancia o codicia, ignoraron o manipularon hasta
llegar al hartazgo. Se podrían contar muchas más. Goytisolo
cuenta las suyas propias:
- Nunca pedí nada a la Diputación a cambio de cederle
mi fondo manuscrito y bibliográfico. Ellos tienen mi obra desde
1979 a 1990, porque lo anterior está en Boston. Pero desde que
ocurrió todo esto he dicho que ya no tendrán nada más.
Cumplo lo de "Santa Rita, Rita", pero se acabó.
El motivo no es baladí. Una nueva felonía con transfondo
xenófobo o racista. Mientras la Almería ilustrada, política
y funcionarial presume de haber domesticado al escritor porque dice
conocer el supuesto tráfico de influencias entre Goytisolo y
la Diputación, fabulando una ignominiosa versión en la
que mezclan homosexualidad, favoritismos y oscuras complicidades, Goytisolo
me lo cuenta con naturalidad:
- Nunca les solicité nada pero en una ocasión les dije
que quería sólo una cosa. Unos buenos amigos de Marraquech
me dijeron que ayudara a su hijo a pasar el Estrecho y a trabajar en
España. Era su ilusión y no querían que arriesgara
la vida en una patera. Conocía a su hijo, a sus hermanos, a sus
tíos, son gente honrada y educada de Marraquech. Le pedí
a la Diputación que acogiese a este joven. Me reunieron con el
vicepresidente y el alcalde de Lubrín, socialista también.
El tipo, malencarado, me daba mala espina, pero bueno, tampoco era cuestión
de exigir. Me dijeron que colocarían a este inmigrante en el
servicio de limpieza del pueblo. Estuvo un año allí, pero
las cartas a su familia eran enigmáticas. No se quejaba, pero
tampoco mostraba alegría. Hasta que un día cogí
un vuelo y me acerqué a Almería.
Goytisolo se encontró un panorama desolador. El marrakchí,
único inmigrante entonces en Lubrín, se había encontrado
con que sus compañeros de cuadrilla le hacían el vacío:
"¡que trabaje el moro!". Y el moro, además, tenía
que cuidar la granja municipal situada a siete kilómetros a pie,
en una de cuyas habitaciones dormía, a cambio, gratis. El colmo
fue que el chico se quejó un día de que las cartas le
llegaban abiertas. Y eso desencadenó su huida. Se lo refirió
al propio Goytisolo, que asombrado le preguntó qué le
dijo al alcalde:
- Le dije que por qué me abría las cartas si no sabía
francés ni árabe.
La ironía es un arma letal. Vuelve la carcajada interior de Goytisolo,
que sería lamento o lágrima si no fuera tamizada por la
virtud, por la inteligencia, por la cultura, por la educación,
por el civismo. Y todavía pasa en España por minoritario,
proscrito o ensimismado. ¿A quién demonios no le interesa
aún que se lea a Goytisolo? ¿Seguirá la maldición
del escritor censurado y perseguido también en democracia? ¿Qué
está pasando? ¿Se nos oculta algo?
El amigo marrakchí se fue a Barcelona, donde Goytisolo le buscó
trabajo y ahora intenta vivir y trabajar en paz, con dignidad de ser
humano. Retomamos El Ejido y trato de combatir su escepticismo con evidencias:
- No son tantos. Pongamos que sean los 15.000 que han firmado el manifiesto
del alcalde Enciso. Si El Ejido tiene un censo de 50.000 personas y
al menos existen otros 10.000 magrebís sin censar, tenemos una
amplia mayoría silenciosa de 35.000 personas.
- Si son una minoría como dices, pasa como en el País
Vasco. Es la minoría que grita, que quema y que amedrenta.
- Pero en el País Vasco se estan echando a la calle...
- Y En El Ejido habrá que hacerlo también...
El escritor me narra las interioridades de El Ejido. Los secretos de
confesión que parece poseer son de una exactitud asombrosa. Yo
conocía algunos de ellos como periodista, pero ni me imaginaba
su calado oyéndolo en la boca de este cadí de las letras
españolas.
- Quieren sustituir a los magrebíes por los centroeuropeos y
no saben lo que viene detrás. Lo que existe en Bosnia lo conozco
bien. Detrás están las mafias rusas, nos llegará
lo peor de lo peor. En El Ejido están ofreciendo en los prostíbulos
a chicas estupendísimas de 18 años procedentes del Este,
pero no saben que detrás está la mafia rusa blanqueando.
Han hecho pintadas diciendo "Moros no, Rusas sí". Es
lo mismo que en Ceuta y Melilla, que cambian más divisas que
Madrid o Barcelona. Y los políticos permanecen en silencio.
El Ejido ciudad sin ley, El Ejido ciudad xenófoba, El Ejido ciudad
racista, El Ejido ciudad rica... ¿Podremos convertir El Ejido
en la ciudad abierta, tolerante, plural, sabia y emigrante que siempre
fue? Goytisolo anima a la sociedad civil a retomar la causa del sentido
común. Él mismo recuerda cómo en 1967, junto a
su compañera Monique, paró en El Ejido, entonces 200 habitantes,
y unos nativos le pidieron por favor un trabajo en Francia "de
lo que sea". Hablamos de su antiguo libro España y los españoles
y de su último capítulo, lúcido, clarividente,
profético. Me hace la prueba del algodón, que tanto le
gusta, y me dice que se lo cuente.
- Usted dijo que todo el problema venía de la estructura de la
tierra, de la explotación, y daba igual el latifundio que el
minifundio, que los contratos fijos sólo alcanzan el 10% de la
mano de obra y que el 90% restante es inestable, itinerante, siempre
pendiente de las condiciones esclavistas.
- Pero ahora están peor...
- Están peor porque ahora está todo más masificado
y hay más dinero, pero si sustituye usted la palabra "andaluz"
por "magrebí" verá como la situación
del campesino es la misma que hace 30 años. Antes labraban la
tierra los andaluces y ahora lo hacen los marroquíes, pero los
padecimientos son los mismos.
- El último capítulo fue escrito en 1979 y se añadió
a la edición, que es de 1969. Efectivamente dice eso.
Goytisolo me firma Campos de Nijar, aquellos campos "que tanto
han cambiado". Apura el té con churros ("En Marraquech
son como buñuelos, no están tan rellenos de masa pero
son muy parecidos. También me gusta la tortilla de patatas, que
allí no saben hacerla"). Vuelve a Marruecos pero hace escala
en Barcelona y en Nueva York, donde permanecerá unas semanas.
Es la vida de un trotamundos que ahora ve cumplir sus malos augurios,
al que nadie hizo caso, que está todavía perseguido, silenciado,
censurado y hostigado en El Ejido y Almería, como antes lo estuvo
en toda la España de Franco. "En 20 años el abandono
educativo y cultural ha sido de tal calibre que me avergüenzo",
me confiesa con lamento. Los apocalípticos ven en esta situación
una futura Bosnia española, y quiera Dios, Alá o los propios
almerienses que estos visionarios no tengan razón: "los
inmigrantes extracomunitarios son apenas el 0,7%, sólo vienen
a trabajar en tareas que los españoles no quieren, agricultura,
pastoreo, limpieza, construcción... ¿Qué ocurrirá
cuando lleguen al 8% como en Francia?".
- En El Ejido superan el 30%.
- Sí, es cierto.
Y con esa certidumbre, que nos pesa como una losa, apostamos por la
palabra, por la cultura, por la educación y por las letras, cada
uno en su ámbito, y el suyo afortunadamente es el europeo, el
global.
La palabra, el verbo, la escritura, la lectura, el libro. Son las únicas
medicinas posibles. Dos pueblos enfrentados por culpa de su autismo,
de su incomunicación, de los tópicos y de la ignorancia.
Una bomba de relojería adosada a los pilares de una provincia,
mientras los políticos se afanan en construir carreteras, puentes,
estadios, túneles... El pueblo quiere leer pero no sabe por qué
los poderes públicos no enseñan, sólo ofrecen pan,
coches, fútbol y televisión. Y si no lo arreglamos nosotros,
terminaremos exiliados con Goytisolo en la Plaza Jemaa El Fna de Marraquech.
- Nos volveremos a ver en Almería.
- Mejor en El Ejido.
- Eso lo veo más difícil
- Quizás ese día El Ejido haya cambiado...