Me hubiese gustado
hoy es no estar aquí, en esta mesa, para estar ahí con
vosotros escuchando lo que se va a decir. Hubiese preferido que el protagonista
del libro que hoy presentamos, pudiese contaros en primera persona cómo
se hizo, cómo se lo pasaron Raimundo y él durante las
más de 30 horas que estuvieron charlando mientras una pequeña
grabadora, bastante mala por cierto, recogía todo lo que entre
ellos hablaban. Entre otras cosas porque también a mí
me gustaría escuchar lo que él diría hoy sobre
la oportunidad o no de este libro en este momento.
Cuando Federico Utrera nos llamó, allá por el mes de mayo,
proponiéndonos la publicación de aquellas conversaciones
que mantuvieron en los años 80 Raimundo y mi padre, lo hizo de
tal manera, con tanto cariño, con tanto entusiasmo, que de verdad
fuimos incapaces de negarnos, aun sabiendo que mi padre no estaba en
ese momento en condiciones de tomar esa decisión y que esas conversaciones
se habían desarrollado hacía ya mucho tiempo, quizá
demasiado. También es verdad que las tres personas (Federico,
Raimundo y Juan Mari) en las que estábamos confiando un poco
a ciegas (nosotros nunca habíamos escuchado las cintas) son gente
de fiar. De Raimundo sabíamos que era amigo de mi padre y que
era el periodista que él eligió para hacer un libro, de
Federico no sabíamos nada pero es que no hace falta saber nada
para fiarse de él, y de Juan Mari sabemos tanto que no nos daba
miedo el tiempo transcurrido porque estábamos seguros de que
en lo esencial ha sido y es siempre el mismo. Lo que en aquel momento
no sabíamos era que ETA iba a declarar una tregua y que todo
el mundo se iba a abalanzar a comparar la situación de los polimilis
con la actual, tampoco sabíamos que se iban a poner tan de moda
Juan José Rosón, Mario Onaindia y Juan Mari Bandrés.
Esto sí que ha sido una sorpresa para todos, sobre todo para
los que pensamos, aunque ahora no viene al caso hablar de esto, que
las dos situaciones tienen poco de comparable. Nadie mejor que Adolfo
Suárez sabe de lo que estamos hablando.
No quiero dejar de agradecer, en nombre de mi padre, y en el toda mi
familia, el trabajo que han llevado cabo todas las personas de la editorial
HMR que han puesto todo su corazón en este trabajo. No queremos
olvidar el trabajo ímprobo que, supongo, supuso transcribir las
cintas. Os puedo asegurar, porque las intenté escuchar, que ese
ha sido un trabajo heroico que sólo se puede realizar con muchas
ganas de que salga adelante. A Raimundo le queremos dar las gracias
por haber guardado tantos años y con tanto mimo las famosas cintas,
por haberse decidido a sacarlas a la luz y por donar sus derechos de
autor a un proyecto de la Fundación CEAR, que pondrá en
marcha en dos lugares de Mozambique una radio educativa para mujeres.
También queremos agradecer de todo corazón a Adolfo Suárez
su presencia hoy y aquí. En mi casa todos sabemos lo que para
mi padre significa Adolfo, me atrevería a decir que es, por encima
de sus discrepancias ideológicas, el hombre político del
que humanamente más cerca se ha sentido. Son amigos y Adolfo
nos lo ha demostrado en los momentos más difíciles.
No queremos olvidar a Eduardo Chillida, otro gran amigo de mi padre,
que nos ha escrito un prólogo precioso y que es otro que sabe
portarse como nadie en las situaciones complicadas.
También queremos agradecer al Congreso de los Diputados, representado
aquí por María Bernarda Barrios, que nos haya cedido esta
casa, que fue durante muchos años un poco la de mi padre, para
hacer la presentación de este libro.
Para acabar queremos darles las gracias a todas las personas que de
una forma u otra se interesaron y siguen interesándose por la
salud de mi padre. El apoyo y la compañía que hemos sentido
durante este último año ha sido para nosotros fundamental
y estamos convencidos de que a él le ha ayudado a mejorar. Todas
las personas que le queremos quisimos creer desde el primer momento
que si la gravedad de su lesión le dejaba un resquicio para luchar,
él lo aprovecharía al máximo.
Y esto es afortunadamente lo que ha ocurrido. El Juan Mari que conocisteis,
contra los peores pronósticos sanitarios, es hoy el mismo. Quizá
los galenos sean más pesimistas que los amigos y la familia,
pero lo cierto es que lleva un año rompiendo esquemas médicos
y cargándose las estadísticas de los libros.
Para alguien que basó toda su vida en la fuerza de la palabra
es duro verse privado de ella, pero con su empeño y nuestra ayuda
esperamos que sea él quien presente la segunda edición
de este libro.