En una semana tan
loca como la de Sant Jordi en Barcelona, donde la vorágine alrededor
del libro es tan intensa, pueden pasar tal vez desapercibidas las obras
más importantes, y aunque los Libros de Madrid llevan ya unos
meses por el mundo, lo cierto es que en la temporada primaveral en la
que estamos no han aparecido muchos títulos tan relevantes como
este que ahora presentamos. La edición de un libro de Juan Ramón
Jiménez siempre es importante por sí misma, pero si además
cuenta con una proporción de textos inéditos tan numerosa,
esa aparición cobra ya carácter de acontecimiento. De
modo que aunque los libros más importantes sean acaso los que
menos importan, estamos ahora ante uno que sí debe importarnos
en relación con su trascendencia.
El caso de Juan Ramón es tan peculiar que siempre se le plantean
al editor filológico multitud de interrogantes y de problemas.
En este caso le ha correspondido a José Luis López Bretones
(cuya labor ha sido más difícil de lo que parece) la tarea
de encarar y solventar todas esas dificultades. Decía que el
de Juan Ramón es un caso único -aunque parezca que eso
no es decir nada, pues todos los poetas lo son aunque los clasifiquemos
por generaciones, estilos, épocas, estéticas, grupos o
promociones- porque él lo es incluso en su unicidad, si se me
permite la paradoja. De manera que un autor tan marcado por sus influencias,
tan lleno de referencias a otros muchos poetas -algunas de las cuales
aparecen explícitamente expresadas en estos Libros-, se nos muestra
sin embargo como un caso extraordinario de solipsismo, como un autor
cuya obra empieza en sí misma y de sí misma se nutre,
y que en sí misma termina... o no termina. Y tal vez por eso
estemos hoy aquí, precisamente porque la obra de Juan Ramón
no termina nunca. De los muchos títulos que a lo largo de su
vida fue dando a algunas partes de su obra -Sucesión, Canción,
Leyenda y uno que es mi preferido y que creo muy adecuado, aunque sea
el menos llamativo: Obra en marcha-, el de Vida y Obra Poéticas
(la vida y la obra de JRJ, ambas poéticas) desprende el sentido
de una obra que, en efecto, no termina nunca, ni siquiera después
de su muerte.
Libros de Madrid es un caso emblemático de esa obra permanentemente
en marcha: parafraseando uno de sus títulos se nos ofrece un
Juan Ramón posible e imposible. Porque editar a Juan Ramón
es posible e imposible, a la vez y siempre, pues se ha hecho de manera
muy distinta por los editores, en todos los sentidos, de sus libros.
Como muchos otros proyectos de JRJ, Libros de Madrid es un cajón
de sastre, en el sentido más noble de la expresión. Casi
todo en Juan Ramón es misceláneo, se mezcla la poesía
con la prosa y con la filosofía, el retrato con la caricatura...
Y este libro es casi perfecto para ver este modo de proceder de Juan
Ramón. Es una literatura sin género en la que todo tiene
que ver con todo lo que está dentro de estos Libros de Madrid,
y esto a su vez tiene que ver con todo lo que está disperso en
otros libros suyos.
En este libro hay homenajes, retratos -"caricaturas sentimentales"
las llama JRJ-, autobiografía, aforismo, crónica social
y crítica social; hay crítica literaria, ensayo, estampas,
apuntes, poemas en prosa e incluso muchos elementos de diario. Hay un
autor como Jules Renard, que se menciona tan sólo una vez, pero
que como dice Andrés Sanchez Robayna en el prólogo, elaboró
un tipo especial de diario que tiene mucho que ver con lo que lleva
a cabo JRJ en los Libros de Madrid. Y a veces leyendo estos Libros tiene
uno la tentación de hablar del costumbrismo, pero voy a matizarlo
enseguida: el de Juan Ramón es en cierto modo un costumbrismo
anticostumbrista. No es costumbrismo propiamente hablando porque no
se busca la anécdota sino la esencia de las cosas, y el observador
no es el típico del retrato costumbrista, sino que está
dentro de lo que retrata. No es observador del mundo sino partícipe
de la creación. De manera que ese "yo" juanramoniano
que aparece por ahí es un "yo" en el mundo que está
presente en muchas partes:
Una mariposa blanca,
el universo todo, es ahora esta mariposa blanca que está sobre
la blanca rosa. Sobre esa permanencia tendré hoy que construir
una nueva ética, una nueva estética y una nueva metafísica,
en lo mínimo, lo máximo.
Incluso la mitología,
la definición de las calles y plazas de Madrid, es una mitología
vivificada. Neptuno y Cibeles cobran vida en esas menciones o descripciones
no meramente costumbristas de JRJ. Hay un homenaje intelectual a varias
épocas de la cultura de Madrid, la recurrencia a Carlos III,
la Residencia de Estudiantes, la Colina de los Chopos... Y esto se produce
en un conjunto que da idea de dispersión, fundamental para entender
a JRJ: todo son fragmentos desgajados de un todo que va cobrando unidad
-concepto éste tan juanramoniano- durante toda la vida y la obra
en marcha del autor.
Pondré tan sólo un ejemplo que me ha llamado mucho la
atención sobre esa relación tan reveladora de los Libros
de Madrid con lo que JRJ estaba haciendo desde un punto de vista más
convencional en la poesía. Libros como Laberinto, Sonetos Espirituales,
Diario de poeta recién casado (de poeta y mar, después),
Eternidades, Piedra y Cielo... que son fundamentalmente coetáneos
de la mayor parte de los textos que aquí aparecen.
Hay un texto que se titula Otoño madrileño que es como
una "revivencia" o "revivificación" de uno
de los mejores Sonetos Espirituales, el titulado Octubre, y que me arrogo
la fortuna de reproducirlo:
Estaba echado yo
en la tierra enfrente
del infinito campo de Castilla
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.
Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.
Pensé arrancarme el corazón y echarlo,
pleno de su sentir, alto y profundo,
al ancho surco del terruño abierto
a ver si con partirlo y con sembrarlo
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.
Este texto magnífico
de los Sonetos Espirituales está revivido en esta estampa Otoño
madrileño. Viñetas, que es casi como un comentario del
propio autor a su poema, y luego añade cosas que no están
en el soneto, pero que ayudan a entenderlo:
Las grandes hazas
negras, abiertas paralelamente por el esmero del arado, enseñaban
sus ásperas entrañas mojadas y feraces. A la negra tierra
del estío ceñía el amarillor de unos chopos que
morían, seguros de renacer, y al fondo, como el alma de las montañas,
un enorme cúmulo blanco elevaba al cielo su estático monumento
de diamante.
Como el paraje era de tanta paz pensaba en la guerra. Y el pensamiento
concentrado, acercaba tanto su nación que llegué a estar
entre vosotros.
¡Ay! Sólo me quedaba mi corazón latiendo pleno de
sentimiento. Si mi corazón sirviera de semilla me lo arrancaría
del pecho y lo echaría al surco abierto de este otoño,
a ver si salía de él un árbol puro de amor que
os diese para siempre la flor de la paz (...).
Luego sigue el texto,
pero el "árbol puro del amor eterno" del soneto vuelve
a latir aquí en el "corazón final" de este fragmento
del Otoño madrileño. Se podrían poner muchos más
casos de esta curiosa relación entre la poesía y la prosa
-lo explica muy bien Andrés Sanchez Robayna en su prólogo-,
y hay asimismo fragmentos que nos ayudan a entender y anticipar los
grandes poemas en prosa como Espacio, sobre todo, y otros textos que
vendrían mucho después.
Pero hablando en particular de estos Libros de Madrid les aconsejo que
lean con atención el inteligentísimo estudio de Robayna
y luego, en un contexto de reivindicación de las obras de JRJ,
en que se ha hecho un poco de todo, a veces no siempre con rigor, y
se han editado incluso con una cierta despreocupación, debe destacarse
la labor de José Luis López Bretones, porque es muy difícil
conseguir el ideal como editor filológico: trabajar mucho, y
con mucho rigor, pero pasar desapercibido en la medida de lo posible.
Y es fundamental editar a Juan Ramón con rigor, lo que no siempre
se ha conseguido. Por ello hay que agradecer también a Federico
Utrera la iniciativa del libro y la posibilidad de que yo, como simple
lector, que no como especialista, haya venido al Ateneu Barcelonés
a decir unas cuantas palabras sobre estos Libros de Madrid.
*Poeta
y crítico literario.
Presentación de Libros de Madrid,
de Juan Ramón Jiménez.
Semana de Sant Jordi (Día del Libro).
Ateneu Barcelonés.