Son muchos los autores
y autoras, homosexuales y lesbianas o no (en adelante, al referirnos
a los homosexuales estaremos haciéndolo también al colectivo
de lesbianas), que han abordado el mundo de la homosexualidad desde
distintos puntos de vista a lo largo de la Historia. Ha habido aproximaciones
a la cuestión desde el mundo de la medicina, tratándolo
de normalidad o anomalía, según el grupo gobernante de
turno, según la moralidad imperante en cada época histórica
o según la moda dictada por la sociedad. La literatura, el arte
(en todas sus facetas), la sociología, etc., también ha
coqueteado con este grupo humano.
Podríamos hacer un recorrido por la Historia para ver cómo
el homosexual ha sido cuidado, mimado o denostado, según la época;
cómo se le ha considerado tabú, bufón o persona
sagrada, o cómo ha sufrido el rechazo de una sociedad pacata
que ante los demás lo denigraba y en cambio lo buscaba en la
soledad y oscuridad de los rincones.
No es éste el objeto perseguido, sino más bien el acercamiento
al mundo actual de la homosexualidad y más concretamente a sus
mecanismos de defensa, conscientes o no, ante una sociedad que se dice
democrática, solidaria y comprometida, pero que sigue utilizando
los mismos tópicos vergonzantes, de los que seguramente las víctimas
no son del todo inocentes, ya que, por una parte, no dan el paso para
salir de la oscuridad, "salir del armario", y dejar de ocultar
su tendencia sexual, y por otra, al reunirse y organizarse en grupos
beligerantes, concentrarse en locales de ambiente o suscribir encendidas
proclamas, no consiguen la aceptación de la sociedad y su integración,
sino que se aíslan aún más. La aceptación
social se conseguirá a través de la educación y
la normalidad, y no de la beligerancia.
No obstante, según en qué sector se mueva, el homosexual
lo tendrá más fácil o no. En el mundo artístico,
por ejemplo, siempre ha estado mejor visto o más tolerado que
en el mundo militar, eclesiástico, de la política o de
las finanzas. D. Fernando Bruquetas, autor del libro "Outing en
España", reseñado en la bibliografía, cita
unas palabras de Luis Antonio de Villena:
1 "es difícil decirlo,
más difícil vivirlo y casi impensable declararlo... Decir
en público que se es homosexual no es cómodo y tiene,
a priori, más inconvenientes que ventajas. El interesado, o interesada,
ya sabe que tendrá que asumir, desde el cumplido a la sorna,
pasando por la pura mala leche, las habituales expresiones: ¡Mira
el
maricón ese! ¡Joder con la tortillera!" Más
adelante, sostiene que "salir del armario es uno de los caminos
para la necesaria normalización homosexual, que sin embargo,
debiera saber que ni el voto rosa, ni la nación marica (queer
nation), un invento americano, son ningún fin, ningún
espléndido desideratum", porque "vivir en un gueto
de hábitos y estilos, por ilustre que parezca, ayuda a que muchos
vivan normalmente, felizmente, pero nadie tendría que vivir,
a la postre, en un gueto". En su opinión, "el buen
fin será el de todos con todos, iguales y diferentes", porque
la sexualidad no se divide, como pretenden hacernos creer, entre hetero
y homosexuales. Cuando se hace un estudio de este mundo (el de la homosexualidad),
tiende a mostrarse su lado tópico, cutre y vergonzante, o a subirlo
a los altares, mostrando sólo el lado bueno, sensible y tierno
de estos individuos pero, como personas que son, actúan como
todos: unos mejor y otros peor. Ni todos son buenos, ni todos malos:
hay de todo porque son humanos y pertenecen a esta sociedad y conviven
con ella y sus contradicciones. No se puede caer en el tópico
del "homo" bueno y sensible, como Inma Serrano 2
que tras su relación con su productor (homosexual declarado),
se da cuenta que "hay el mismo número de cafres entre los
homosexuales que entre los heterosexuales, y te das cuenta que ser homosexual
no es sinónimo de ser buena persona, ni de ser interesante, ni
nada de nada".
¿Qué
pensaba la Srta. Serrano?, ¿que ser homosexual es sinónimo
de santidad?
El morbo por su lado oscuro, hace que muchos renombrados personajes
jueguen con la ambigüedad, sin mostrar verdaderamente sus cartas.
Sólo en el mundo de la farándula, personajes tan conocidos
como Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Lluis Llach, Raphael, María
del Monte, Isabel Pantoja, y un largo etcétera, juegan el juego
del despiste, y el mismo Lluis Llach 3
nos dice "hay que ir con cuidado para no perder los papeles: los
intereses y la manipulación
forman parte del espectáculo" (la negrita es nuestra).
Los guetos, que brillantemente citaba más arriba Luis Antonio
de Villena, no siempre son asumidos de forma consciente por sus propios
componentes. Aparecen de forma inconsciente y se van constituyendo como
una defensa ante las agresiones, directas o indirectas de la sociedad,
y cuando quieren darse cuenta, los individuos ya están integrados
y se convierten, así mismo, en buscadores de prosélitos
para que la atarazana defensiva vaya tomando cada vez más cuerpo
y se vuelva inexpugnable y pasar a la ofensiva. Dichos guetos existen
en todos los sectores sociales con la misma distribución clasista
de la sociedad para el resto de los individuos que la componen. El mundo
laboral no podía ser una excepción al respecto, ya que
los homosexuales también comen, visten y se divierten como todos
los mortales y para podérselo pagar, deben trabajar, según
la maldición bíblica. No obstante, parece que para ellos,
la maldición fue doble, ya que sus conciudadanos no se lo facilitan
mucho, y tienen problemas antes de ocupar su puesto de trabajo, durante
el trabajo y hasta después de haberlo dejado, en función
de los informes que
quieran dar sus patronos.
1. BRUQUETAS
de CASTRO, F. Outing en España: los españoles salen del
armario. P.p. 40 Hijos de Muley Rubio, Madrid, 2000
2. Revista ZERO, n1 5, Pag. 95
3. BRUQUETAS de CASTRO, F. Id. Pag.
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