La fotógrafa
Jeanne Chevalier (Moutier, Suiza, 1944) reside de manera permanente
desde hace quince años en el áspero y bello paisaje del
Parque Cabo de Gata-Níjar, en Almería, aunque llegó
a esas tierras por primera vez hace más de cuarenta. Su casa,
a un tiempo taller de fotografía y retiro para la reflexión
y el gozo tranquilo, se asienta sobre una colina por la que asciende
la magra vegetación mediterránea y desde donde se divisa
la costa de San José, pequeña localidad marinera que se
halla a un tiro de piedra. En esta entrevista nos habla de su relación
con el poeta José Ángel Valente, frecuentador gozoso de
estos mismos parajes, a partir de la cual surgieron "Calas"
y "Campo", dos libros que llevan la firma de ambos y donde
el magnetismo y el poder de seducción de la palabra y de la fotografía
andan de la mano para ofrecer testimonio del poder de fascinación
que posee un espacio donde el hombre parece mostrarse como "un
ser fortuito". A lo largo de su carrera, Jeanne Chevalier ha conseguido
diversos premios de fotografía en Suiza y otros países
europeos, donde expone regularmente en museos y galerías. Su
libro "See Land" obtuvo la Medalla de Plata de los Más
Bellos Libros del Mundo, en Leipzig, y "Calas" fue recompensado
con el Premio Kodak.
-¿Cómo
surgió la idea de trabajar en común sobre un proyecto
editorial, en qué momento os encontrasteis Valente y tú?
El modo en que llegamos a trabajar juntos con la idea de unir imagen
y poesía resultó bastante curioso. Yo había tomado
ya las fotos que luego formarían parte del libro "Calas",
centrado en mi visión de las costas del Parque Cabo de Gata-Níjar,
y había realizado incluso su maqueta. En un principio mi pensamiento
era publicar todo ese material acompañado sólo de un texto
en alemán de la escritora y escultora suiza Erica Pedretti, que
se desplazó hasta aquí para realizarlo, y que también
llevaría una versión al francés y al español.
Pero un día -estamos hablando de finales de los años 80-
le enseñé esas imágenes a Hermelindo Castro -antiguo
delegado provincial de Medio Ambiente- y éste, al verlas, me
dijo que tenía que mostrárselas inmediatamente a José
Ángel Valente, quien ya por entonces había adquirido su
casa en Almería. Yo entonces no lo conocía, no había
leído su poesía, así que compré algunos
libros suyos. En esos primeros momentos no entendía muy bien
su lenguaje, aún tenía dificultades para comprender el
idioma -y no digamos la poesía-, pero en seguida noté
que aquel ritmo, aquella música interior que era capaz de percibir
en sus versos me conmovía profundamente. Así pues, Hermelindo
me dio la dirección de Valente en Ginebra, ya que aún
trabajaba como traductor en un organismo internacional, y yo, aprovechando
un viaje a Suiza, acudí a visitarle a su trabajo y le dejé
la maqueta de "Calas" para que él decidiera sobre cuáles
de aquellas fotografías le gustaría trabajar. Recuerdo
que entonces me ofreció algunos libros suyos traducidos al francés
y a partir de ahí pude acceder con mayor intensidad a su mundo
poético.
- Aquella primera
cita tuvo además un componente anecdótico que te he oído
referir en alguna ocasión.
Bueno, no ocurrió nada realmente remarcable, aunque para mí
hubo un aspecto un poco divertido, porque mi primera impresión
fue la de encontrarme ante una persona, digamos, muy "formal",
alguien que incluso parecía mayor de lo que me había imaginado.
Te lo explico. Yo me movía en un ambiente en el cual la mayoría
de mis amigos artistas habían sido antiguos hippies y todo eso,
y vestían y vivían de un modo bastante informal. Y de
repente Valente estaba allí, vestido con mucha corrección,
en un despacho oficial de un importante organismo en Ginebra, y no acababa
de asociarlo con la imagen que yo me había hecho de él.
No obstante, en el instante mismo de presentarnos confraternizamos en
seguida y nos pusimos a trabajar de inmediato.
-Puede decirse
entonces que aquel primer proyecto conjunto nació de una feliz
casualidad que luego se convertiría en el encuentro necesario
entre ambas formas de concebir vuestra labor respectiva.
Algo parecido, efectivamente. Como ya te he comentado, el texto de "Calas"
estaba en un primer momento encomendado a Erica Pedretti. Pero al final,
aun manteniendo su colaboración, acabó convirtiéndose
en un libro firmado al alimón por Valente y por mí, gracias
a la iniciativa y al impulso de Hermelindo Castro, que fue el primero
en comprender que esas fotos estaban muy próximas, por su concepción,
a la poética de José Ángel y que me insistió
para que añadiera sus poemas, junto al texto de Erica, en "Calas".
Y lo cierto es que esa afinidad de fondo entre nuestros respectivos
trabajos se nos confirmó recíprocamente desde el primer
momento, yo al leer sus versos y él al ver mis fotografías.
De hecho, aunque empezamos a trabajar por separado, cuando nos volvimos
a encontrar en Almería descubrimos con sorpresa que nuestra selección
particular de imágenes y textos había sido prácticamente
la misma.
-¿En qué
elementos cifrarías esa conexión esencial que hallasteis,
cada uno en el otro, en vuestra obra?
No lo sabría explicar muy bien de una manera razonada. Leía
en otro día un pasaje de Jacques Ancet -un gran estudioso de
la obra de Valente- en el que decía que José Ángel
reunía en su escritura tres elementos fundamentales: lo poético,
la sensualidad y el impulso místico. Esa relación, la
conjunción de esos tres factores, es algo plenamente compartido
por mí, o al menos es lo que yo trataba de conseguir por medio
de la imagen. Y tal vez por eso Valente y yo nos entendimos perfectamente,
no había necesidad de explicarnos nada, todo se nos daba como
por añadidura cuando nos poníamos a trabajar. Ya digo
que cuando leí por primera vez los poemas que él había
seleccionado para las fotos de "Calas" pensé que parecían
escritos expresamente sobre aquellas imágenes. Aunque la verdad
era que esos textos ya estaban incluso publicados con anterioridad,
excepto uno de ellos, que sí lo escribió ex profeso para
el libro. Sin duda su poesía, sobre todo la de la última
etapa, tiene mucho que ver con el entorno del Cabo de Gata, donde yo
vivo, y era en cierto modo una metáfora de este paisaje. Esos
elementos que aparecen obsesivamente en su escritura, como alimentándola
desde el fondo -el vacío, la desnudez, la aridez, la luz, algo
que nos remite a cierto origen definitivo, desolado y fértil
a un tiempo-, aparecen con parecida relevancia en las fotos de aquella
etapa mía. Tanto es así que "Calas" tenía
un subtítulo, "Photographies du Temps d´avant la Parole"
("Fotografías del tiempo anterior a la palabra"), que
se lo puse antes aun de conocer a Valente. Y, como sabes, también
ese concepto de la anterioridad de la palabra, de la anterioridad del
canto, está muy presente en su poesía. O sea, que nuestra
afinidad era algo necesario.
-A partir de
ese primer proyecto fue el propio Valente quien propuso una continuación
a raíz de contemplar otra serie tuya basada en los campos de
Níjar, que dio como resultado un nuevo libro firmado por ambos.
Así fue. Cuando al fin se publicó "Calas", en
1989, ambos quedamos muy satisfechos del trabajo desarrollado y de su
resultado. Con el material de ese libro llevamos a cabo varias exposiciones
en museos de España y Suiza. En Almería, por ejemplo,
la presentamos en el Colegio de Arquitectos de la capital. Pues bien,
algún tiempo después le enseñé al fotógrafo
Bernard Plossu unas fotografías mías realizadas entre
1985 y 1993 donde tomaba como punto de atención los parajes y
los campesinos de la zona las Presillas, donde vivía durante
aquel tiempo, y me comentó que esas imágenes merecían
también ser publicadas. yo acudí entonces a José
Ángel, quien nada más verlas, me dijo: "estas fotos
son fantásticas, ordénalas, forma otra maqueta y yo me
comprometo a hacerte de nuevo los textos". De ahí surgió
nuestro siguiente libro, "Campo", para el que Valente efectivamente
ya sí escribió todos los textos originales. Ahí
aparecen esos poemas en prosa a los que puso el título de "Así
en la tierra como en el cielo". Ese nuevo volumen se publicó
en 1995, año en que lo presentamos en un escenario magnífico,
el castillo de Los Escullos. Valente leyó en aquella ocasión
sus textos y recuerdo que al acto acudió muchísima gente
de Almería.
- Aparte de esas
dos publicaciones, conozco otro trabajo tuyo en torno a un libro de
Valente por el que sientes especial predilección.
Pasado algún tiempo realicé una serie fotográfica
sobre "Tres lecciones de tinieblas", un libro que me gusta
particularmente y que me influyó bastante, creo. Me centré
en un conjunto unitario de imágenes para ilustrar esos poemas
y, aunque se organizaron sendas exposiciones en Madrid y Santiago de
Compostela, el libro como tal no ha sido publicado hasta ahora, aunque
no desisto de la idea de que alguna vez pueda ver la luz.
- Alguna vez
hemos conversado en torno a que, aunque vuestra visión sobre
el arte era muy coincidente, el modo de vida de ambos difería
bastante.
En cierto modo era así. Por lo demás, fuera del trabajo,
nuestra relación no era frecuente ni cotidiana. De vez en cuando
nos encontrábamos en Almería, en la calle, por azar, y
nos íbamos a tomar algo. O bien, cuando iba a la ciudad en alguna
ocasión, me acercaba hasta su casa sin avisar y compartíamos
un rato de charla. Yo sentía que Valente y Coral, su mujer, tenían
un gran afecto por mí; cuando por ejemplo había algún
acto en Almería que él creía que me podría
gustar -exposiciones, conciertos- me telefoneaba. Recuerdo una ocasión
en que se organizó una exposición con fotografías
mías y de Manuel Falces, que incluía además una
actuación de Tomatito y una conferencia de Valente sobre el Parque
Cabo de Gata-Níjar. Y la verdad es que nunca he oído hablar
tan bien sobre el significado de ese entorno privilegiado, sobre la
necesidad y la obligación de conservar un espacio limpio, puro,
intocado. Para él, el Parque era una especie de reserva muy importante
para el ser humano, porque éste necesita un espacio de silencio,
de reflexión, de vacío
Espiritualmente, si se puede
decir así, el Parque era muy importante para José Ángel,
un sitio que había a toda costa que respetar.
Pero en cuanto a lo que me preguntabas, es cierto que existía
una complicidad total en nuestra visión del arte y de la vida,
pero nos diferenciaba el modo de vivirla. Él necesitaba implicarse
en los asuntos más dispares de la vida, y sin embargo llegaba
a su casa y tenía la facultad de abstraerse de todo e ingresar
en ese espacio de calma, de reflexión, para trabajar. Yo, sin
embargo, carezco de esa facultad, necesito permanentemente el sosiego,
hallar un espacio donde la tranquilidad continuamente me rodee, porque
si no, no puedo concentrarme, trabajar ni casi vivir.
-¿En qué
fase de tu trabajo te encuentras ahora, cuáles son los proyectos
en los que trabajas en la actualidad?
Ahora mismo, más que tomas sueltas, lo que quiero hacer son libros,
cuadernos fotográficos de formato menor, con tiradas pequeñas,
como "Tres historias marroquíes", mi último
trabajo publicado, que surgió a partir de un par de viajes que
hice con una amiga por Marruecos. Esos pequeños libros pensados
como correspondencia a alguna amistad es lo que más me mueve
en este momento. Tengo ya varios de ellos realizados, aunque no han
sido aún editados. Y pienso que para uno de ellos, una serie
que titulé "Los jardines de un desierto", con imágenes
centradas en la piedra, la flora de este lugar donde habito, ambientes
de luz, paisajes, etc., hubiera sido maravilloso poder volver a contar
con la colaboración de Valente, porque creo que guardan también
mucha proximidad con su poética. He presentado ya esas fotos
en una exposición en Madrid, pero como digo continúa inédito
en forma de libro. El último de esos pequeños cuadernos
que he acabado se llama "Faut y croire pour être heureux"
("Hay que creer en la felicidad para ser feliz"), que es una
especie de "antología" donde recojo algunas fotos de
mis diversas etapas a través de todos estos años.
-Tu técnica
siempre ha sido muy tradicional, tanto a la hora de trabajar en el exterior
como dentro del cuarto oscuro, buscando siempre la magia, la exclusividad
del instante real.
Yo apenas he retocado mis fotos, no las he alterado casi nunca en el
taller, aunque ahora estoy experimentando con la fotografía digital,
en la que quiero profundizar más y descubrir sus posibilidades.
Creo que aún nos falta distancia con respecto a la fotografía
digital para comprobar qué va a sobrevivir de ella con el tiempo.
Pero hay que estar abierto a lo que viene. De todos modos, después
de dejar mi casa en el paraje de las Presillas, pienso que no volveré
a trabajar como lo hacía antes, en el cuarto oscuro, con todos
esos componentes químicos tradicionales, debido a una serie de
condicionantes ecológicos y de la propia infraestructura de la
casa donde resido ahora. Sea como sea, y aunque también me interesa
la fotografía abstracta, esta tierra de Almería aún
me sigue interesando mucho y creo que todavía no he terminado
de "hablar" sobre ella. Otra cosa que tengo en perspectiva
es trabajar aún más con el color, y más concretamente
realizar postales en color. La postal es una cosa tan manida, tan vulgarizada
y tópica que quiero hacer con ella algo diferente. Me lo planteo
como una especie de reto, intentar hallar otro concepto de la postal
en color, como continuación a mis series de postales en blanco
y negro basadas en las fotografías de "Calas" y "Campo".